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Pablo Lorente

Nancie Atwell y el premio educativo

Hace unos días se concedió el premio Global Teacher Prize a Nancie Atwell, lo que significa que es la mejor docente del mundo. Quizá este galardón nos suene más porque el español César Bona (maestro en Zaragoza) era uno de los finalistas. El jurado del premio de marras tiene en cuenta, entre otras cosas, que los docentes preparen a los niños para un mundo global, que sean innovadores, que su trabajo repercuta en la comunidad, que su trabajo se convierta en modelo de enseñanza contribuyendo al debate etc.

Nancie aparece en las fotos (ha ganado otros premios educativos de prestigio anteriormente) recibiendo el premio con una amplia sonrisa. Viste un vestido negro elegante que adorna con un collar de perlas a juego con la melena cana. Su rostro es afable, de facciones equilibradas, transmite –quizá por los ojos azules- tranquilidad.

Desde hace 40 años se dedica a la enseñanza, al estudio, a la innovación y a compartir con otros colegas sus hallazgos. Así lo hace en su centro de Maine y en los diversos libros sobre educación que ha publicado y que, al parecer, son muy apreciados en el mundo anglosajón.
Si del español se destacaba su capacidad para motivar a los alumnos, de la estadounidense, que trabaja en Maine (http://c-t-l.org/faculty/), se ha valorado especialmente su trabajo en el campo de la lectura y de la escritura. En algunos artículos que he podido leer en prensa se dice que sus alumnos leen entre 40 y 100 libros al año (cifras similares a las de la población finlandesa) y el 97% de ellos acaban siendo universitarios.

Aparece Nancie en algunas fotos en su colegio. En algunas están en lo que parece un aula: no hay sillas, no hay mesas, lo que se ve por doquier son libros, estanterías y revistas. Los chavales están sentados en el suelo escuchando con placidez.

En España hemos gastado millones en pos de la innovación que, al parecer, eran las pizarras digitales, los ordenadores, los cañones y demás modernidades que iban a ser la panacea del aprendizaje y la salvación de la patria. Sin embargo, hace años que no veo libros en las aulas, bibliotecarios en las bibliotecas escolares y la sensación es que las cifras de lectura en los centros escolares (muchas veces obligatorias ¿cómo si no?) son del todo insuficientes).

Así que ya lo saben, si quieren innovar, lean un libro.

 

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