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Pablo Lorente

Difama que algo quedará

La cuenta de Twitter de la Policía Nacional tiene, al parecer, como misión principal la de desmentir informaciones falsas o desmentir bulos. El otro día, por ejemplo, alguien decía a través de un mensaje de Whatsapp (corren más rápido que el viento) que Madrid vivía una alerta máxima por un ataque terrorista inminente. El mensaje de marras comentaba que algunos equipos de élite de la policía se estaban desplegando aquí o allá, información falsa que podría desatar el caos de forma inminente, cosa que por fortuna no ocurrió.

Que los móviles inteligentes son idiotizadores está más claro que el agua. Científicos han alertado ya de que los bebés los manejan con destreza, que nuestra memoria trabaja a cámara lenta; en Corea se empiezan a observar lesiones en el cuello producidas por el uso desmedido de esos cacharros; hemos comenzado a desarrollar habilidades en los dedos que no existían, amén de tendinitis ridículas por teclear en un sitio donde no hay teclas y no quiero saber cuántos atropellos o choques hay en las calles por ir mirando la puñetera pantalla promesa de felicidad instantánea.

Lo de los bulos no es culpa directa de los móviles, al fin y al cabo, las redes sociales (principales culpables del asunto) están también en el ordenador, pero probablemente, esos segundos que uno se toma para acomodarse en él pueden ser suficientes para pensar un instante y ahorrarse la faena de dar mal al personal, no lo sé.

La mentira es una de las características del lenguaje humano, para ello, como para tantas otras cosas, somos únicos como especie, podemos y nos gusta, parece ser. Por ejemplo, entramos al Facebook, ponemos la foto de un fulano cualquiera y decimos que es adicto a los donuts rellenos de chorizo con mayonesa. Quizá el fulano en cuestión lo pueda desmentir, si es que se entera, pero el mal ya está hecho, cuando lo veamos entrar al bar de la esquina a desayunar ya lo habremos catalogado, al pobrete.

Y luego está el súmmum de esta estulticia tecnológica, me fascina, de verdad de la buena: las teorías de la confabulación. Según veo en la información que alguno de mis no amigos cuelga en su muro, han muerto no sé cuántos periodistas que intentaban desvelar que el atentado del 11-S fue un montaje, el avión de German Wings se estrelló a causa de un rayo láser ultrasecreto que probaba no sé quién y así suma y sigue.

En este momento, y dadas las circunstancias tan penosas que nos acucian por doquier me veo obligado a desvelar un secreto terrible: el ser humano, además de mentir, puede pensar.

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