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Pablo Lorente

Poner puertas al campo

Siempre me ha dado la impresión de que España tiene que ser un país fetén para delinquir y para estar escondidito, a poder ser en la Costa del Sol, de no ser así, no entiendo la proliferación de bandas internacionales y prófugos varios que eligen esa zona para estar tranquilos, pero bueno, será el sol. Puede ser por la legislación, quizá blandita en comparación con otros países, por la lentitud de la justicia, por todos los derechos constitucionales, que son una cosa que está muy bien, eso sin duda. Aunque igual es el sol, y no hay que buscar más razones.

Dice la sabiduría popular que no se pueden poner puertas al campo, y con razón. Lo que sí se puede es controlar el campo, aunque algo harto difícil. Semana sí y otra también, nos despertamos en nuestros queridos pueblos con la noticia de que han robado aquí y allá. Los pisos a punto de acabar en Híjar, las naves de Samper, el bar de aquí, el gasoil de los camiones de… Los tiempos cambian y esas estampas de las puertas abiertas de las casas en cualquier pueblo de nuestra reducida geografía se han acabado.

Hace algunos años nos enteramos (con cachondeo) en las noticias que un pueblo de España avisaba a los vecinos de la llegada de forasteros poniendo en la megafonía “mi carro me lo robaron”. ¿Recordáis la psicosis producida hace unos meses cuando se corrió el bulo de la banda de salteadores que venían desde Oliete? Muchos pueblos se han subido al carro de las nuevas tecnologías poniendo cámaras de vigilancia en las calles —supongo que pronto lo veremos por aquí— con la excusa de que deben vigilar el tráfico, ya que la legislación prohíbe estas prácticas en el caso de que no haya policía en el pueblo, así que se usa la excusa del tráfico.

Y es que hay miedo. En muchos pueblos no tenemos Guardia Civil, así que alguien se puede dedicar a abrir tranquilamente todos los coches de la calle principal del pueblo; si suena una alarma en la finca, antes que esperar, muchos vecinos acuden a ver qué pasa, con el peligro que ello puede generar, y lo peor de todo es que la cosa no tiene visos de mejorar.

No sé cuál puede ser la solución, pero me da que el ciudadano de a pie está pagando el pato, como siempre, recortes y más recortes. En 2009 se convocaron 2238 plazas para la Guardia Civil, en 2013 tan solo 134 respetando la tasa de reposición contra la crisis del 10%, así que eso, vamos a ir pensando cómo le ponemos puertas al campo.

 

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